Hay dolores que no sangran, pero desgarran. Heridas que no dejan cicatrices visibles, pero que marcan la forma en que respiramos, confiamos, amamos. Son las heridas del alma, esas que se esconden detrás de una sonrisa educada, de un “estoy bien” automático, de una rutina que intenta sostener lo insostenible.
A veces, ni siquiera somos capaces de darnos el permiso de sentirlas, las silenciamos, pero se manifiestan en el cansancio sin causa, en la tristeza inexplicable, en el miedo a volver a confiar, en la necesidad constante de demostrar que valemos.
Gritan en la noche, en los pensamientos que no se callan, en la ansiedad que no se explica, en las lágrimas que reprimimos y que ponen a llorar a los órganos internos.
No se curan con vendas, ni con silencios. Sanar estas heridas requiere tiempo, espacio y mucha compasión. Requiere que aprendamos a mirarnos con ternura, a aceptar que sentir no es debilidad, que pedir ayuda no es derrota, que llorar no es retroceder.
Las heridas visibles las atendemos, curamos, desinfectamos… y si son profundas acudimos de inmediato por ayuda.
Las heridas invisibles también merecen ser atendidas. Porque el hecho de que no se vean no significa que no duelan. Y solo cuando les damos voz, cuando las reconocemos y las cuidamos, es que dejan de gritar por dentro y empiezan, poco a poco, a sanar. ¡Es hora de acudir por ayuda!


Si cada heridas tiene un nombre y una razón. Y a su tiempo ella hablan a través del cuerpo. Es un proceso sanar
Leí en una ocasión donde el Dr. Stanley plasmó: Pisar descalzo un clavo = dolor punzante.
Sacar ese clavo = dolor punzante.
¿Ignoraría el clavo para ahorrarse el dolor de la extracción? No, a menos que quiera una infección gangrenosa. La elección es clara cuando se trata de nuestra salud física. En cambio, la mayoría de nosotros somos culpables de enterrar las heridas emocionales, permitiendo que se conviertan en una amargura total.
No podemos evitar ser heridos, ya que la gente dice palabras hirientes, ya sea sin pensar o adrede. Da tratos injustos, e incluso de manera físicos. pero Dios desea que nuestra reacción ante esas heridas lo honre, produzca sanidad y nos libere del enojo, del resentimiento, de la amargura y que aprendamos a perdonar. Gloria a Dios por su vida amada Dra. Carmen por dejarse guiar para ayudarnos a reconocer y aceptar las heridas para así porder sanar 🌹
Muy importante al poner en palabras aquello que muchas personas sienten, pero no sabemos, frases que son cliché estoy bien que funcionar en piloto automático para no afrontar lo que duele. También nos recuerda que muchas veces los síntomas físicos o conductas compulsivas son el eco de un dolor emocional no atendido, pero hoy lo más valioso es la invitación a sanar desde el cuidado propio y la ternura.