Después de más de veinte años acompañando parejas, he comprendido que muchos desean una relación completa, pero llegan incompletos. Intentan construir un “nosotros” sin haber sanado su “yo”, y tarde o temprano la relación se convierte en un espejo que revela lo que aún necesita sanarse.
El amor no puede reparar lo que evitamos trabajar. Amar desde la plenitud implica reconocer nuestras heridas, asumir responsabilidades y sanar antes de buscar compañía.
Antes de unir tu vida a alguien, hay cuatro áreas esenciales que deben trabajarse:
1. Sanidad emocional:
Soltar el pasado, perdonar y dejar de esperar que el otro cure tus heridas.
2. Identidad y autoestima:
Amarte a ti misma para no exigir al otro que te ame por dos.
3. Asertividad y comunicación:
Hablar con respeto incluso en el desacuerdo.
4. Madurez espiritual y propósito: Saber hacia dónde caminas y qué propósito compartes.
La plenitud personal no significa perfección, sino conciencia. El verdadero amor no llega a completarte, sino a acompañarte en el proceso de crecer.
“No se trata de llegar a la relación para ser feliz, sino de llegar feliz para poder compartir felicidad.”
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